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Elecciones presidenciales en Estados Unidos
El martes 4 de noviembre el pueblo de Estados Unidos ha concurrido a las urnas.
Ya son más de 40 veces las que el pueblo de América del Norte ha tenido la oportunidad de ejercer este derecho inexpugnable, precisamente en el país donde tempranamente se gestaron los entonces turbulentos movimientos en favor de instaurar el incipiente sistema democrático.
Doscientos treinta y dos años después de firmar su Constitución, sin haber eludido dramáticas encrucijadas (una guerra civil y ambas guerras mundiales, dos cracks financieros y cuatro asesinatos presidenciales, discriminación, esclavitud, Pearl Harbour y el atentado de las Torres Gemelas), la nación se encuentra en una posición francamente destacada, por factores políticos, estratégicos e históricos, hoy está considerada la nación más poderosa del planeta, y sus habitantes, orgullosos de serlo, activos participantes de la economía más pujante del mundo, resuelven cambiar de conductor.
El gigantesco país fue desde su origen un territorio emblemático para las incesantes olas migratorias que lucharon por labrarse un sitio en la construcción del país cambiante. Las mayorías, receptivas a estos cambios, incorporaron multitudes con costumbres distintas a sus tradiciones -de menos de tres siglos de antiguedad- a sus prácticas de tolerancia, que ahora desembocan en la inédita posibilidad de confiar el liderazgo a un candidato surgido de uno de tantos grupos minoritarios: inmigrantes africanos de raza negra.
Es que Estados Unidos se ha vuelto paulatinamente más consciente del papel que representa como país vanguardia de acontecimientos en el concierto mundial. También el orden internacional lo ha interpretado de este modo, y las sedes principales de los organismos multinacionales se establecen en torno a sus ciudades, el FMI y el Banco Mundial, la OTAN, las Naciones Unidas y la UNESCO, entre otras, han elegido radicar al núcleo de sus directivos en ciudades norteamericanas, y las decisiones que afectan lejanas regiones se toman frecuentemente en su perímetro territorial.
El proceso electoral se ha desarrollado sin alterar sus reglas de juego, aún cuando ha ocurrido en un momento de la historia que no encuentra precedentes contrastables. Las fuerzas políticas se han desplegado, conviviendo y luchando, en el centro de un huracán de noticias sobre la propagación de una crisis financiera sin horizontes visibles, que sacuden hasta los cimientos una ideología que cree en el progreso sostenible a través de la ambición y la acumulación constante.
Es en este país central, entonces, modelo de constituciones, cuna y meca de las universidades más prestigiosas del mundo, generador de una cultura compleja, autocrítica y exportadora, mayor formador de premios Nobel, proclamador de la libertad como valor supremo, forjador del concepto "igualdad de oportunidades", donde han elegido nuevo presidente.
Algo más de 300 millones eligieron un nuevo líder hegemónico. Otros 6.400 millones aguardan, esperando el desenlace de un capítulo crítico en el relato de la convivencia del ser humano en su mundo, en las conflictivas relaciones con su propia identidad.
